dimarts, 24 de gener de 2012

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Y espero más y más, y sueño tanto y tan firme que mi cerebro empieza a astillarse. Y veo las puertas aparentemente abiertas y los lazos invisibles que me atan a esta casa como si fueran cadenas de hierro y casi muero de agonía. Y por primera vez las personas a las que quiero son cargas amarradas a mis tobillos que no me permiten huir lejos, muy, lejos. Y mi vida transcurre encerrada en un presidio que aun teniendo mil ventanas me impide la fuga.
Amarga ironía.

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